Escucha Subterranea

 

Historia y geografia de los diferentes pueblos celtas a lo largo de la historia

El misterio del origen del pueblo celta

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EL MISTERIOSO ORIGEN 

DEL PUEBLO CELTA 

 

         Estamos ante uno  de esos grandes misterios de la historia. Si bien hay una línea más o menos oficial que marca la genealogía de estos pueblos, son muchas las investigaciones paralelas que nos señalan hasta cinco teorías diferentes. También nos encontramos con bastantes contradicciones cuando enfrentamos los estudios arqueológicos, históricos y lingüísticos, dando diferentes puntos de origen en cada caso. En lo que si parecen estar de acuerdo la mayoría que es que no existe una raza celta como tal, por lo tanto no hay un pueblo celta, sino que eran una mezcla de tipos caucasoides con diferencias específicas dependiendo de la zona. En fin, que nos embarcamos en un nuevo intento de aclarar algunos de estos puntos mientras vamos siguiendo la teoría más clásica y nos enfrentamos con las diferencias marcadas por diferentes investigadores del tema celta. Al final, que cada cual se quede con su propia conclusión.

           

             Según las teorías más aceptadas, los celtas procedían originariamente de Asia formando un pueblo indogermánico compuesto por diferentes tribus, que se establecieron en el occidente de Europa unos 2000 a C. Mil años después  se habían extendido ya por las Islas británicas, norte de Francia, parte de Suiza e Italia. En el siglo IX a C. habían llegado hasta España. Su lengua ha sido denominada indoeuropea y no se conservan apenas registros literarios de ella. Con la llegada de los pueblos germánicos fueron desplazados del centro y norte de Europa sobre el siglo IV.

 

            La cultura más primitiva relacionada con el mundo celta recibe el nombre de Hallstatt y comprendería un periodo de transición del Bronce final hasta el primer periodo de la Edad del Hierro. Son conocidos también como la cultura de los Campos de Urnas ya que incineraban a sus muertos depositando los restos en una urna.  Se extendió por toda la Europa Central, y a través del valle del Ródano y las llanuras del Languedoc, acabó penetrando en la Península Ibérica extendiéndose básicamente por todo el cuadrante Nordeste de la misma, comprendiendo Cataluña, el Valle del Ebro y el norte de la Región Valenciana. Encontrándose restos incluso en el centro peninsular y en lugares tan alejados  de su origen como Galera, en Granada. De esta cultura protocelta nos quedan restos como espadas con incrustaciones de marfil, hueso o ámbar,  puntas de lanzas, hachas, puñales…

  

Ajuar funerario hallado en un Campo de Urnas

                    

Espada celta hallada en el yacimiento de Las Cogotas en Ávila

 

             Sobre la segunda Edad del Hierro apareció la cultura de La Tène, perdurando hasta la conquista romana entre el 450 y 50 a C. y extendiéndose por el centro de Europa, Francia, norte de España, Islas Británicas y parte del este de Europa. Destacaron  en la elaboración de grandes espadas, escudos alargados, hermosas hebillas y fíbulas, fortificaciones en las cumbres e incluso llegaron a acuñar su propia moneda en algunos lugares. En sus enterramientos era bastante común encontrar hasta carros de dos ruedas siendo habitual enterrar a los hombres con sus armas y a las mujeres con sus joyas y adornos para los vestidos.

 

 Fíbula hallada en el yacimiento de Numancia

 

           Su vestimenta característica es el “sagum”, un capote de lana con una abertura en el costado izquierda que se cerraba sobre el hombro derecho con un broche de cobre y que cubría todo el cuerpo hasta la altura de la rodilla. El calzado eran sandalias con suela de cáñamo y cuerpo de cuero anudado con cordones al tobillo.

 

            Aunque antiguamente se les ha considerado los creadores de las estructuras megalíticas lo cierto es que hoy en día está más que demostrado que estos megalitos y dólmenes son anteriores aunque ellos supieran como aprovecharlos bien, e incluso algunos autores los han considerado los auténticos exportadores de la cultura del Neolítico.

 

            En esta última fase y movidos por las presiones de los pueblos nórdicos, comenzaron una serie de invasiones dirigiéndose hacia el mundo grecorromano en torno a los siglos IV y III a C. invadiendo el norte de Italia, Macedonia, Tesalia, saquearon Roma y Delfos. Grupos de Gálatas llegaron a Asia Menor.

 

             En el siglo II a C., la supremacía militar romana comenzó a hacerse patente y así los celtas del norte de Italia fueron conquistados por los romanos. La Galia del Sur de Francia fue conquistada por Julio César en el siglo I a C.  y la mayor parte de Britania quedó bajo poder romano en el siglo I d C.

 

            Los primeros celtas de la cultura de La Téne llegaron a la península ibérica sobre el 800 a C asentándose en el Valle del Ebro.  Una segunda oleada se estableció en la meseta para finalmente asentarse en el valle del Duero. Por último, se dirigieron hacia el Noroeste peninsular, la actual Galicia, donde quedaron fuertemente enriadazas tradiciones y cultura sobreviviendo hasta hoy. Las tribus celtas colindantes con los territorios íberos de la península recibieron  fuertes influencias de estos dando lugar a los pueblos celtíberos.

 

            Expansión de la cultura de la Hallstatt y La Tene

 

            Frente a esta teoría clásica nos encontramos también con otras que marcan diferentes puntos de origen. Entre ellas tenemos la que hace referencia a un posible origen germano-nórdico para los celtas y que plantea la tesis de que todos los pueblos europeos provienen de los pueblos nórdicos o vikingos, los cuales fueron los primeros en llegar hasta Alemania por su afán de conquista, expandiéndose después por Europa Occidental, Oriental, Insular y Medio Oriente. Fue el aislamiento geográfico lo que terminó provocando que los vikingos emigrados al sur se desarrollaran de forma totalmente diferente a los del Norte.  Esta teoría no es demasiado sustentable por la falta de hallazgos de restos celtas con la suficiente anterioridad al resto de Europa, si bien es cierto que se mantienen las dudas a causa de algunos materiales protoceltas aparecidos en el norte de Dinamarca anteriores a la cultura del Hallstatt de Austria.

 

            Una teoría de reciente aparición, defendida por arqueólogos frente a historiadores  y realmente interesante, es la que marca el origen celta en la zona gallego-asturiana de la península ibérica, ya que se han encontrado recientemente restos de 3000 años de antigüedad anteriores a la cultura del Hallstatt. Los partidarios de esta teoría piensan que la cuna de los celtas se encuentran en España especifican que desde esta zona avanzaron por los pirineos, Cataluña y sur de Francia para después emigrar al Oriente de Europa y a las Islas Británicas.  

 

            Relacionado con lo anteriormente expuesto, pero ubicando el punto de origen más al sur de España, tenemos las teorías de Díaz-Montexano de tipo lingüístico que nos señalan que el único lugar de Europa donde aparecen regiones, comarcas y países con el nombre de Celtici, Celtitan, Celtitania o Keltitke o Keltiberia, es en la Península Ibérica y más concretamente en el área suroccidental Bético-Lusitana, el único lugar  donde se han encontrado monedas acuñadas con el nombre de Celtitan o Celtitania, literalmente “País de los Celtas”.  El lingüista Xaverio Ballester de la Universidad de Valencia, siguiendo la misma línea, nos dice que desde el punto de vista lingüístico Iberia y Lusitania es además el único lugar donde se presenta la estructura de lengua céltica más antigua, apareciendo así en las inscripciones celtíberas como en las lusitanas donde se conserva la “p” inicial que supuestamente había desaparecido ya en el protocéltico miles de años antes de la llegada de los celtas a Italia. Aún queda mucho camino que recorrer en esta investigación, pero mientras arqueólogos e historiadores no estén dispuestos a dejar atrás lo convencional y admitido por la mayoría  para arriesgarse en un nuevo terreno tendremos esta vía cerrada.

 

            Por último nos queda la teoría Irlandesa que por supuesto defiende que los celtas nacieron en Irlanda y en la Isla de Man desde donde emigrarían al resto de Europa. Curiosamente se sustentan en los mismos hallazgos que los gallegos y por supuesto en su mitología, aunque se olvidan de cierto detalle: dentro de sus propias leyendas hacen referencia a unos héroes (por ejemplo, Breogán, proveniente de Iberia) que procedían de otros lugares. Así, en el llamado “Libro de las Conquistas”(Lebhor Gabála Erenn en Gaélico), recogen que los gaélicos no son los habitantes autóctonos de Irlanda sino que fueron los últimos en llegar tras una oleada de invasiones de diferentes pueblos: partholinianos, nemedianos, los Firg Bolgs( cuya reina proviene de Iberia), Tuatha De Danann (descendientes de nemedianos huidos de Irlanda y habitantes de las islas del  norte de Grecia)  y milesianos provenientes de Escitia que pasaron por Egipto e Iberia y desde donde accedieron a Irlanda tras luchar contra los Tuatha de Danann y de los que se cree que descienden la mayor parte de los Irlandeses… En definitiva su propia mitología vendría a refrendar los últimos estudios genéticos sobre la población de Gran Bretaña donde parece demostrarse que la mayoría de sus habitantes tienen ancestros de origen ibérico.

 

            Para completar este ya de por sí complicado panorama podríamos añadir una última teoría sobre el origen de los pueblos celtas que raya aún más si cabe en lo mítico.  Estaríamos hablando de la teoría que defiende Carlos Luisfondo en su libro “Nosotros, los Celtas, en el siglo XX” y que haría referencia a un posible origen en la legendaria Atlántida.

 

            En cuanto a sus construcciones, los celtas no solo construían dentro de los límites de sus poblados o castros, sino que extendían su obra en torno a la naturaleza, ya que ellos vivían especialmente en contacto con ella. Los castros, oppidum según los romanos, solían estar en zonas elevadas para facilitar su defensa y fortificados con paredes macizas de tierra y madera. En su parte exterior era común crear un foso en su entorno, mientras que interiormente y adosadas a la muralla se construían las chozas circulares que ayudaban así a darle mayor solidez. Generalmente estaban dispuestas sin ningún orden ni concierto, dando la sensación de un pueblo caótico. 

 

Castro celta de A Guarda, en Pontevedra

 

             Al contrario de lo que es popular, su aspecto físico era bastante variado pues dependía del origen de la tribu. Pero en general parece ser que eran de pelo castaño y ojos grises, de barba o bigotes largos entre los hombres y largas trenzas o complicados trenzados y recogidos entre las mujeres, que eran especialmente dadas a los adornos.

 

Torque

Era común usar entre los hombres una especie de aro alrededor del cuello llamado torque, y que según el status que ocupara en su clan podía ser de bronce, plata u oro.

  

           Su economía era ante todo agrícola y ganadera. Cuando había suficientes recursos las fortificaciones de las colinas se ocupaban permanentemente y su interior, algo caótico, se organizaba en sectores especializados para cada actividad. Los celtas conformaban multitud de diferentes tribus y clanes, pero en todos ellos se diferenciaban claramente las clases sacerdotal, noble y campesina.  Algunas tribus eran dirigidas por reyes, Gran Bretaña, y otras en cambio, como las del centro de Europa, estos reyes eran elegidos entre los héroes del clan.

 

            Se ha hablado mucho de su casta sacerdotal identificándola exclusivamente con los druidas, pero, según las investigaciones de Santos Crespo Ortiz de Zárate, de la Universidad de Valladolid, no siempre y no en todas las zonas fue así,  ya que en sitios como Hispania está demostrado que existieron, no solo sacerdotes, sino familias especializadas en los temas religiosos, no habiendo ningún resto que confirme la existencia de una casta sacerdotal organizada como la druídica.  Por lo tanto, por muy romántico que nos parezca, no podemos  hablar de druidas como únicos sacerdotes de la religión celta, si bien no cabe la menor duda que surgen como casta independiente en los grupos sociales más desarrollados, como en Bretaña, cumpliendo un papel que va más allá del puramente religioso ya que actuaban tanto como jueces, consejeros, astrónomos, médicos, magos, etc.

 

            El impulso de romanos y germanos lograron quebrantar el imperio celta hasta someterlo gracias en parte precisamente a la carencia de imagen como estado celta, ya que su mentalidad era más tribal y familiar que de estado como tal. La muestra más clara de este espíritu lo encontramos en sus propias leyes en las que comprobamos que un delito no era una ofensa civil, sino la vulneración de un derecho privado, por ello debían pagar la deuda a la familia que había sufrido el delito y no al grupo en sí. El peor castigo para ellos era precisamente la expulsión del clan. A pesar  de esta debilidad militar, su capacidad guerrera, propia de este pueblo, los mantuvo en la Europa central durante más de 800 años. Los celtas eran considerados por los romanos un pueblo especialmente belicoso. Su naturaleza ruda los hacía pelear constantemente entre ellos y entre tribus vecinas, circunstancias que supieron aprovechar muy bien los romanos. Era tal su ferocidad que según los cronistas griegos su indumentaria para la batalla se limitaba solo a sus armas, un cinturón y sus torques. 

  

            Resumiendo, debido  a las múltiples migraciones desde diversos puntos, a la gran cantidad de tribus y clanes que convivieron y se mezclaron entre sí y con otros pueblos del entorno, no podemos afirmar la existencia de un pueblo celta como tal, sino más bien de una cultura común que aúna arte, tradiciones, mitos, leyendas… una herencia celta en definitiva con un marcado folclore común y un especial sentido religioso panteísta centrado especialmente en la Naturaleza.