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Escrito por Doorkeeper & Shadow   
Miércoles 15 de Abril de 2009 23:00

2.000 Kms por ITALIA

dia 7 – Florencia

    

Conjunto escultórico del Rapto de la Sabina de Giambologna en la Loggia dei Lanzi. Al fondo el Palazzo Vecchio   

     Nuestro último día en Florencia prometía ser de una intensidad abrumadora en cuanto a arte y belleza. Desgraciadamente los ajustados horarios de la temporada invernal no nos iban a permitir visitar todos los lugares que nos faltaban por ver, así que tuvimos que seleccionar. No veríamos todo lo que es Florencia, pero desde luego que lo que vimos fue lo mejor.

 

     El Palazzo Vecchio se yergue majestuoso presidiendo la Piazza de la Signoría, durante siglos fue sede de gobierno de la República de Florencia, hasta que los Medici trasladaron dichas funciones al Palazzo Pitti, situado al otro lado del Rio Arno. En la Plaza puede admirarse la Loggia dei Lanzi, construida junto a la Galleria dell’Uffizzi con el fin de alojar ceremonias y asambleas  públicas. En esta loggia pueden admirarse una colección de estatuas al aire libre entre las que destacan el “Perseo” de Benvenuto Cellini, el “Rapto de la Sabina” de Giambologna y el “Rapto de Polyxena” de Pio Fedi, junto a varias estatuas de la época imperial encontradas en Roma y restauradas. También puede admirarse la copia de la estatua de DonatelloJudith y Holofernes” y la estatua ecuestre de Cosimo I, obra de Giambologna. Esta loggia fué durante cierto tiempo atribuida erróneamente a Orcagna, pero hoy sabemos que su construcción tuvo lugar entre 1376 y 1382 por Benci di Cione y Simone di Francesco Talenti. Orcagna tal vez fuera el que la diseñó, pero no el que la llevó a cabo.

   

Loggia dei Lanzi  Rapto de Polyxena, de Pio Fedi
Estatua en bronce de Perseo con la cabeza de Medusa, de Benvenuto Cellini

 

    El resto de la bellísima Plaza, auténtico centro neurálgico de la Florencia renacentista, lo conforman el Palazzo del Tribunale della Mercanzia (erigido en 1359), el Palazzo Uguccioni y la Fuente de Neptuno (también llamado “Biancone”), obra de Bartolomeo Ammannati en 1575. La plaza fue escenario de importantes episodios de la vida florentina, por ejemplo el lugar elegido por el monje fanático Girolamo Savonarola para arengar a la plebe con sus incendiarios discursos sobre la “decencia moral” y donde llevó a cabo su famosa “hoguera de las vanidades” en 1497, en la que quemaron libros, ropas y obras de arte que según él iban en contra del integrismo religioso que predicaba. Paradójicamente, el propio Savonarola acabó ajusticiado en esa misma plaza, frente a la fuente de Neptuno, solo un año después.

 

Fuente de Neptuno

 

     En el año 1299, tras la definitiva derrota de los Gibelinos, sus palacios y viviendas fueron requisados y derruidos. La Comune di Firenze (el órgano de gobierno) encargó entonces al arquitecto Arnolfo di Cambio (el constructor de la Santa Croce y del Duomo) que erigiera un nuevo palacio como sede oficial del gobierno de la ciudad, utilizando el lugar que ocupaban hasta entonces  el Palazzo dei Fanti y el Palazzo dell'Esecutore di Giustizia, ambos pertenecientes a la defenestrada familia Gibelina, Uberti.

 
     La entrada al Palazzo Vecchio está flanqueada por dos estatuas, el David de Miguel Angel y Hércules y Caco, de Baccio Bandinelli. El David original presidió la entrada al palacio hasta 1873, cuando fue movido a la Galleria della Accademia para su preservación, siendo sustituido en 1910 por una réplica que es la que hoy podemos admirar.

 

Vista nocturna del Palazzo Vecchio     Aunque hoy en dia sigue siendo la sede del consistorio municipal de la ciudad de Florencia, gran parte del palacio puede ser visitado, habiéndose convertido en un auténtico museo renacentista.

 

    Nada más ingresar en el palacio nos recibe el luminoso patio diseñado en 1453 por Michelozzo, con frescos del 1565 realizados por Giorgio Vasari en honor a los austrias, a causa del matrimonio de Francesco I de Medici, hijo mayor de Cosimo I, con Johanna de Austria, hermana del Emperador Maximiliano. En el centro del patio destaca la fuente de mármol realizada por Battista del Tada, coronada por una copia del “Putto con el delfin”, de Andrea del Verrocchio, cuyo original se exhibe en la segunda planta del Palazzo.

 

Patio de entrada del Palazzo Vecchio diseñado por Michelozzo, con frescos de Giorgio Vasari

 

     Unas monumentales escaleras realizadas por Vasari nos conducen al impresionante Salón del Cinquecento, un inmenso espacio diáfano de 52 x 23 metros realizado por Simone del Pollaiolo en 1494. La gran sala fue encargada por Savonarola para acoger las reuniones del Consejo Mayor de la ciudad que constaba de 500 miembros. Posteriormente Vasari aumentó la capacidad de la sala para acoger la corte de Cosimo I. De las anécdotas mas interesantes sobre este salón se cuenta que en principio los frescos de ambos laterales fueron encargados respectivamente a Leonardo y a Miguel Ángel. Leonardo quiso hacer nuevos experimentos y añadió cera a sus pigmentos, posteriormente quiso acelerar el secado colocando braseros junto a las paredes, resultando tristemente en que la fusión de la cera debido al calor arrastró la pintura y arruinó completamente el trabajo. Por su parte, Miguel Ángel no pudo emprender el trabajo encargado ya que fue llamado por el papa Julio II a Roma para pintar la Capilla Sixtina. Así pues, los frescos que podemos admirar hoy en día y que reflejan victorias de los florentinos en batallas contra sus eternos enemigos de las vecinas Pisa y Siena, se deben a Giorgio Vasari y a sus discípulos. El inmenso techo consta de un total de 39 paneles representando episodios de la vida de Cosimo I. En la pared norte e iluminado por grandiosos ventanales se encuentra La Udienza, un estrado construido por Bartolommeo Bandinelli en donde Cosimo I recibía en audiencia a ciudadanos y embajadores, decorado por grandes tapices y estatuas obra del propio Bandinelli.

 

Salón del Cinquecento realizado por Simone del Pollaiolo en 1494

 

     A lo largo de las paredes laterales del gran salón están situadas las esculturas de los trabajos de Hércules realizadas por Vincenzo de’ Rossi. Por último, en un nicho de la pared sur podemos admirar el Gennio della Victoria, obra escultórica de Miguel Ángel que inicialmente estaba destinada al mausoleo de Julio II.

 
     A un lado del Gran Salon se encuentra el Studiolo de Francesco I, una estancia sin ventanas pero decorada de forma exquisita. Diseñado por Vasari, contiene frescos representando a los cuatro elementos, retratos obra de Bronzino, esculturas realizadas por Giambologna y Ammanati y una cargada decoración barroca que incluso llega a disimular armarios tras los frescos.

 

     La siguiente planta del Palazzo nos lleva a las habitaciones privadas de Cosimo I y su mujer, Eleonora de Toledo. Decoradas hasta el último centímetro cuadrado tanto en techo, paredes y suelos. Todo un derroche de arte y lujo que uno no acaba de creerse, la visita a este palacio es un empacho de arte renacentista y barroco que te deja además con el inevitable dolor de cuello de tanto admirar los techos de cada habitación.  Detalle del techo de la llamada Cámara Verde de las habitaciones privadas de Eleonora, obra de Ridolfo del Ghirlandaio

 
     Destacan la Sala degli Elementi, dedicada a los cuatro elementos, la Terraza di Saturno desde la que puede contemplarse una hermosa vista de la ciudad, la Sala de Hércules (el héroe mitológico con el que la familia Medici gustaba siempre compararse), la de Júpiter, la de Cibeles, y otras dedicadas a Penélope, a Ceres y a las Sabinas. En esta planta también se halla la Sala de la Audiencia de los priores de justicia, el comedor, el despacho del duque, las habitaciones privadas, la Camera Verde (desde donde partía el corredor que comunicaba el Palazzo Vecchio con el Palazzo Pitti),  y la Capella della Signoria, consagrada a San Bernardo. 

 

Sala de la Audiencia en el Palazzo Vecchio

 

Sala de los Mapas       Otras salas importantes de esta 2ª planta son la Sala dei Gigli (decorada con flores de lis, en honor de Francia) y la Stanza del Guardarroba, llena de armarios empotrados donde los Medici guardaban sus  mas preciados tesoros y decorada por docenas de mapas y un gigantesco mapamundi (hoy bastante deteriorado) en el centro. También podemos echar un vistazo a la vieja cancillería, el despacho de Nicolas Machiavelo cuando fue Secretario de la República.

 

     La visita al Palazzo Vecchio requiere un mínimo de 2 horitas (mejor 3) para verlo completo y poder disfrutar de todas sus salas. Afortunadamente está permitido hacer fotografías y el personal de vigilancia es bastante amable.

  
     La siguiente visita obligada estando en la Piazza de la Signoría es indudablemente la Galería Uffizi.

 

     El Palacio fué construido entre los años 1560 y 1581, con diseño original de Giorgio Vasari. Su propósito inicial era albergar las oficinas de los gestores y magistrados de la ciudad, así como el archivo de estado y fue encargado por Francisco I. De ahí el nombre de "uffizi", literalmente "oficinas". Con los años, fue convirtiéndose en museo albergando las numerosas obras de arte pertenecientes a la familia Medici, las cuales quedaron cedidas a la ciudad de forma definitiva a través del “Patto di Famiglia” con la definitiva extinción de la dinastía. Desde 1765 se encuentra abierto al público.

 
     La Galería Uffizi es uno de los lugares más visitados de Florencia, si vais en verano es muy posible que no podáis visitarla a menos que hayáis reservado con antelación, y las colas para entrar pueden ser de hasta 4 horas. 

 
     Aunque la cantidad de las obras expuestas es ingente, todavía quedan numerosas muestras de arte almacenadas (aseguran que en perfecto estado de conservación) que no son visibles al público. El proyecto del “Nuovo Uffizi” planea duplicar la superficie del museo hasta llegar a los 13.000 m2 en unos pocos años. Este proyecto estaba previsto para 2006 pero a día de hoy todavía no tiene fecha de estreno.

 

La Galería Uffizi vista desde el otro lado del río Arno

 

    Lamentablemente, la visita al museo no incluye el “Corridore Vasariano”, el pasillo de 1 km de longitud que partiendo del Palazzo Vecchio y enlazando con el Palazzo Uffici, tras cruzar el Rio Arno pasando por encima del Ponte Vecchio, llega hasta el Palazzo Pitti. El corredor está lleno de obras de arte en todo su recorrido, lo que lo convierte en un paseo único. El problema es que no se trata de una visita al alcance de cualquiera, ya que la entrada cuesta la astronómica suma de 95€ del ala.

  

     Para economías más modestas, la entrada normal al museo son 9,45€ y la verdad es que se aprovechan bien. Obras de Botticelli, Caravaggio, Raphael, Miguel Ángel, Leonardo, Tiziano, Verrocchio, Piero della Francesca, Fra Filippo Lippi, Simone Martini, Paolo Uccello y otros artistas. Dependiendo de lo que uno se entretenga admirando las obras la visita puede durar entre 2 y 5 horas, así que recomendamos dedicar una mañana o una tarde entera a la visita y no proyectar ninguna otra visita ya que la Uffizi nos abstraerá del paso del tiempo. Importante tener en cuenta que los lunes está cerrado, así como el 1 de enero, 1 de mayo y 25 de diciembre.
 
    Desde la Uffizi y como la economía no estaba para gastarse 190€ extras, fuimos a visitar el Ponte Vecchio por donde los peatones mortales, que es gratis y además se disfruta del ambientillo que une ambos lados del río Arno. Hay registros que hablan de puentes en ese mismo punto del rio que se remontan hasta la época romana. El actual es un precioso puente medieval, construido en 1345 por Taddeo Gaddi y que consta de tres arcos de piedra sobre los cuales se distribuyen tiendas a ambos lados a lo largo de todo el recorrido. En tiempos medievales estaba ocupado por carnicerías, que arrojaban al rio los despojos, lo que suponemos no dejaría muy buen olor que digamos en la zona (y unos peces carnívoros muy bien alimentados), siendo reemplazados posteriormente por las actuales joyerías y tiendas de regalos. Es muy típico ir al ponte Vecchio a comprar joyas, pero os advertimos que los precios son más bien caros.

 

El Ponte Vecchio


     El puente ha sufrido severos daños a lo largo de los siglos debido a las crecidas del rio Arno y ha sido reconstruido intentando mantener en todo momento su apariencia original. Pero el mayor peligro para su integridad lo tuvo en 1944 cuando en su retirada los alemanes demolieron todos los puentes sobre el rio a excepción del Ponte Vecchio, se dice que por una orden expresa del propio Hitler. El puente se salvó pero los alemanes destruyeron los edificios a ambos extremos con el fin de bloquearlo, entre ellos la Torre dei Mannelli, erigida en 1343 como defensa. Estos edificios fueron posteriormente reconstruidos intentando mantenerse fieles a su diseño original.

 
     Caminando por el puente nos hizo gracia ver que en las farolas sobre los pretiles había cientos de candados amarrados a los hierros, muchos de ellos con mensajes amorosos. Supusimos que debía haber una razón para aquella moda, pero por entonces la desconocíamos y la verdad es que hasta que no llegamos a Roma no supimos de qué iba todo aquello de los candados. En su momento lo contaremos, ya que es una curiosa anécdota iniciada en Roma, en un puente sobre el Rio Tiber, y que poco a poco se ha ido extendiendo por toda Italia.

 

Candados del Amor... una curiosa historia  Detalle de uno de los candados 

   

     Decidimos dejar la visita al Palazzo Pitti para mas tarde y dando marcha atrás a nuestros pasos nos fuimos a ver la imprescindible Santa Croce (Santa Cruz), aquella en la que el escritor francés del siglo XIX Stendhal sufrió un desmayo, según los médicos que le exploraron fue debido a una “sobredosis de belleza” y desde entonces es conocido como “Síndrome de Stendhal”. La Santa Croce es una basílica franciscana, la mayor de dicha orden de toda Italia, de estilo gótico austero. Su construcción fue encargada a Arnolfo di Cambio en 1294, aunque la bella y destacable fachada es debida al arquitecto judío Nicolo Matas y fue erigida en 1857.

 

Basílica de la Santa Croce

 
     En su interior destacan 16 capillas, algunas de ellas decoradas por Giotto y sus discípulos, así como las tumbas de muchos personajes notables de la historia italiana, como Miguel Ángel, Galileo, Maquiavelo, Marconi y Rossini, lo que le ha dado a la Santa Croce el sobrenombre de “Templo de las Glorias de Italia”. También podemos admirar la tumba de Dante (del cual también hay una estatua en la parte frontal izquierda frente a la fachada de la basílica), aunque su cuerpo se haya enterrado en Ravenna. Enrico Fermi también cuenta con su tumba en la Santa Croce aunque su cuerpo está oficialmente enterrado en Chicago.

 

Tumba de Galileo Galilei  Tumba de Miguel Angel

    
     Las muestras de arte en el interior de la basílica son innumerables, de artistas de la talla de Giotto, Donatello, Cimabue, Andrea y Lucca dellla Robbia, Taddeo y Agnolo Gaddi, Bernardo Rossellino y Domenico Veneziano por citar algunos. Posee el posiblemente más famoso crucifijo de la cristiandad, obra de Cimabue. Lamentablemente la gran inundación que anegó gran parte de Florencia en 1966 causó graves daños en el original así que lo que hoy podemos ver es una réplica, custodiándose el crucifijo de Cimabue en el museo que se halla en la parte trasera de la basílica, lo que antiguamente fue el convento franciscano.

 

Impresionantes frescos de Taddeo Gaddi, atribuidos hace tiempo al Giotto, en el refectorio del siglo XIV de la Santa Croce  Crucifisso de Cimabue, a pesar de su deteriorado estado debido a las inundaciones aún emana esa energía especial de las grandes obras de arte

Magníficos frescos de Taddeo Gaddi en la Capella Baroncelli de la Santa Croce    

 

     Las capillas estaban patrocinadas y sostenidas por grandes familias florentinas, destacando las de los Pazzi, los Bardi, los Castellani y (como no) los Medici. Son en sí mismas pequeñas obras de arte dentro de un conjunto monumental que uno no se cansa de recorrer y admirar. Al contrario de lo que nos sucedió en la iglesia dominica de Santa Maria Novella, la Santa Croce es acogedora y agradable. Se puede recorrer en apenas 1 hora, pero nosotros recomendamos dedicar al menos 3 horas para ver todo el complejo y disfrutar de su belleza: la capilla de los Pazzi y el claustro mayor, ambas obras del genio Brunelleschi, el primer claustro del siglo XIV, la hermosísima sacristía que uno puede visitar sin que intenten venderle nada, hasta el túnel de los sepulcros, situado bajo el claustro, en donde uno recorre un túnel subterráneo con suelo y paredes totalmente recubiertas de tumbas, resulta apacible y hermoso.

 

Tunel de las sepulturas en la Santa Croce

 
     Tras disfrutar de la visita de la Santa Croce y conforme nos íbamos alejando de ella, no podíamos dejar de mirar atrás y seguir fotografiando la hermosa fachada, que no por ser del siglo XIX iba a ser menos admirable, y que puede contemplarse desde la amplia Plaza del mismo nombre, en la que dos veces al año se celebran partidos de Calcio (fútbol) medieval, en recuerdo de aquellas competiciones que se celebraban de forma continua hasta 1739.

 

     El día estaba siendo intenso y aún nos quedaba el Palacio Pitti, el cual habíamos dejado para el final puesto que era el que cerraba mas tarde, así que nuevamente cruzamos el Ponte Vecchio y nos dirigimos hacia el barrio de Oltrarno para visitar el inmenso palacio. Su origen se remonta a 1458, cuando era la residencia de Luca Pitti, un rico banquero florentino. En 1549 es adquirido por la familia Medici quienes lo convierten en sede oficial del Gran Duque, sustituyendo como vimos en sus labores al Palazzo Vecchio. En el siglo XVIII fue utilizado por Napoleón y en el XIX, tras la unificación de Italia y durante los años en que Florencia fue la capital del nuevo reino, fue considerado como el principal palacio real de Victor Manuel. En 1919 fue donado al patrimonio histórico artístico por Victor Manuel III, habiéndose convertido en un gran museo abierto al público desde entonces. 

  

     El palacio original fue construido por Luca Fancelli, discípulo de Brunelleschi. Cuando los Medici se hicieron cargo de él, Giorgio Vasari fue encargado de ampliar el palacio y acomodarlo a las necesidades de sus nuevos dueños, así como de construir el corredor que comunicaría ambos palacios a través de la Galleria Uffizi y del Ponte Vecchio, como ya tuvimos oportunidad de ver.

 

 Fachada del Palazzo Pitti


     Durante el gobierno de Fernando I de Medici, que sucedió a su hermano Francisco I, la familia se trasladó definitivamente al nuevo palacio, comprando además la adyacente colina Boboli para crear los enormes jardines y el anfiteatro que hoy pueden admirarse –en visita aparte y previo pago del correspondiente ticket- tras el cuerpo del palacio. El diseño y realización de estos inmensos jardines fueron encargados a Nicolo Tribolo, y fueron terminados por Bartolommeo Ammanati.

 

      El palacio es hoy en día el museo más grande de toda Florencia, de hecho con sus 32.000 m2 alberga en su interior diversos museos, el principal de los cuales es la Galería Palatina, con más de 500 pinturas que pertenecieron a la familia Medici, destacando las de Raphael, Tiziano, Correggio y Rubens y frescos de Pietro Da Cortona. Otra de las partes imprescindibles de visitar son los Apartamentos Reales, un total de 14 habitaciones en donde se alojaban los miembros de la familia.  En el interior del Palacio Pitti resulta casi imposible fotografiar nada ya que sus enormes salas están siempre muy vigiladas

 

    La Galería de Arte Moderno, surgida de la renovación de la Academia de Artes de Florencia en 1748, alberga obras de entre 1700 y 1900 en sus 30 habitaciones. Otras estancias del Palazzo Pitti incluyen el Museo de la Plata, que exhibe piezas que se remontan hasta Lorenzo de Medici, conteniendo trabajos en oro, plata, y piedras preciosas. Por último tenemos los respectivos museos de la Porcelana, el de vestidos y el de carruajes.

 
     El Museo de la Porcelana está situado en el edifico anexo llamado “Casino del Cavaliere” en los jardines Boboli. Contiene piezas representativas de porcelana de diferentes lugares de Europa, como Sevres o Meissen, muchos de los cuales fueron obsequios de estado a los duques de Florencia. El Museo de vestidos está situado en un ala del palacio y contiene una exhibición de todo tipo de vestidos a partir del siglo XVI, y para terminar, en el Museo de carruajes se exhiben muchos de los vehículos usados hasta el siglo XIX por la corte.

 
     Aunque uno seleccione muy bien lo que desea ver y se salte ciertas partes menos interesantes, la visita al Palazzo Pitti requiere un mínimo de dos horas muy ajustadas, y eso sin contar con los jardines. Una hora antes del cierre dejan de vender tickets en las taquillas, y en la última media hora ni siquiera te dejan ingresar en el palacio. Es algo que los distintos guardianes de los museos llevan a su propio antojo, como tuvimos la desagradable oportunidad de experimentar. Faltaban aún 40 minutos para la hora de cierre y llegamos a la última planta del palacio con el fin de ver una exposición de pintura, exhaustos y con la lengua fuera (estos Medici debían estar en forma para subirse tantos escalones). Pues bien, resulta que un “amable” guarda nos impidió pasar aduciendo que media hora antes del cierre no permiten ingresar en ninguno de las estancias del palacio. No faltaban 30 minutos sino 40, y además esa regla se aplica para la entrada al palacio, no para la entrada a ninguna estancia una vez dentro. Pero se ve que aquel “buen señor” quería irse pronto a casa ese día y nos dejó sin visitar  la exposición. Así, por sus santas narices. Ni que decir tiene que aquello nos provocó un profundo cabreo, especialmente después de habernos subido aquellas largas escaleras para nada, pero no hubo forma de hacer entrar en razón a aquel funcionario. Y es que en todas partes hay quien cree que al turismo hay que castigarlo en lugar de facilitarle las cosas, así nos va.

 

Patio central del Palacio Pitti, obra de Ammannati

 

Gruta de Moises       Mosqueados por el trato recibido, nos dispusimos a prolongar nuestra visita hasta el último segundo, literalmente fuimos escuchando a nuestras espaldas los cerrojos de las puertas conforme los vigilantes iban cerrando a nuestro paso. Nos habíamos propuesto ser aquella tarde los últimos visitantes en salir del palacio así que aprovechamos todo lo que pudimos. Todavía nos quedaron unos minutos extra para deambular por el imponente patio central obra de Ammannati y hacer algunas fotos a la impresionante fuente llamada “Gruta de Moisés”. Los guardias, viendo que no había forma humana de desalojarnos, optaron por apagarnos las luces así que tuvimos el tiempo justito de hacer las últimas fotos a Moisés con sus cuernecillos.

 

     Cansados pero felices por haber logrado visitar todo lo previsto para aquel intenso día, nos dispusimos a dar nuestro último paseo nocturno por Florencia. El cansancio acumulado parecía desaparecer ante el placer que suponía recorrer aquellas calles sin prisas, sin horarios, disfrutando del ambiente y del arte que emana de cada esquina. Tras nuestra última visita al Duomo acabamos cenando en una terraza de la Piazza della Repubblica, una enorme plaza rectangular de 100 x 75 mts donde estaba el foro romano en tiempos del imperio, el auténtico centro urbano de Florentia. A pesar de la ola de frio que por aquellos días nos acompañaba, pudimos cenar cómodamente gracias a las estufas de gas que colocan en las terrazas. 

 

Piazza della Repubblica

 
   Florencia no se ve como se merece en apenas dos días, pero desgraciadamente nuestro plan de viaje nos obligaba a seguir el guión trazado si queríamos completar la ruta planificada para los 17 días. De todas formas, es una excelente excusa para volver a disfrutar de Florencia en un futuro no muy lejano. Al fin y al cabo siempre nos queda algo por ver en casi todos los sitios donde vamos.

 

 

Continúa en 2.000 kms por ITALIA: dia 8 - San Gimignano, Volterra y Siena

 

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Ultima modificacion el Jueves 16 de Abril de 2009 18:16
 

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