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Escrito por Doorkeeper & Shadow   
Viernes 05 de Marzo de 2010 23:00

2.000 Kms por ITALIA

dia 11 – Roma (Parte II)

 

Via della Conziliazione, la amplia avenida por la que se accede al Vaticano

 

       Tras la sensación de haber sido estafados por una mala comida, nos dispusimos a admirar el centro de la ciudad-estado: la Plaza de San Pedro y la Basílica. La entrada principal a la plaza, justo frente a la Basílica de San Pedro, accede desde la pomposamente llamada Via della Conziliazione, una inmensa avenida que construyó Mussolini en los años 30 y para lo cual expropió (al estilo fascista, ya se sabe cómo) docenas de casas y comercios para derribarlos y construir esa magna avenida, que une el Vaticano con el Castell de San’t Angelo y el Rio Tiber. Tal y como se las gastaban en aquellos tiempos los fascistas, preferimos no saber qué fue de los habitantes de aquellas casas.

 
     La Plaza es una auténtica obra de arte diseñada por Bernini en 1656. La entrada es una amplia explanada de forma trapezoidal desde la que parten dos pasajes flanqueados por columnatas (284 columnas a cada lado de 16 mts de altura cada una) que forman una gigantesca Elipse (vaya por dios). La balaustrada que remata las columnatas acoge las figuras de 140 santos de la cristiandad. En la parte central de la plaza  se yergue el inmenso Obelisco Heliópolis, traído de Egipto con sus 25 mts de alto y unas 327 toneladas y que estaba en el centro de un circo romano. Sixto V quiso colocar el obelisco en la plaza como homenaje al supuesto martirio de San Pedro, ya que según la leyenda el propio Pedro fue crucificado junto a dicha piedra. A ambos lados del obelisco y situados sobre los focos de la elipse están dos fuentes gemelas. 

 

Una de las dos fuentes gemelas de la Plaza de San Pedro         La forma de la Plaza quiere simular unos brazos abiertos que acogen a los peregrinos llegados de todo el mundo. Muchos actos solemnes se realizan en dicha plaza, ya que no habría sitio para tantos peregrinos en el interior de la Basílica. Como curiosidad, decir que la famosa Plaza de la Concordia de Paris está inspirada en la Plaza de San Pedro, al menos en cuanto a sus dos fuentes se refiere, ya que las romanas sirvieron de modelo para diseñar las parisinas. 


     Para acceder a la Basílica hay que pasar unos controles de seguridad, en los que también se comprueba que los visitantes cumplan el “decoro” en el vestir, así que nuevamente a guardar cola. Están prohibidas las camisetas sin mangas, los pantalones cortos, los escotes, las faldas cortas y cualquier prenda que los guardias no consideren “suficientemente decentes”.  

 
     Tras pasar pacientemente los controles accedemos por fin al interior de la iglesia más grande de la cristiandad. Con sus 22.000 m2 y capacidad para 60.000 personas, sus dimensiones impactan. La decoración interior, obra principalmente de BerniniGiacomo della Porta, se halla salpicada de obras de arte, entre las que destacan La Piettá (La Piedad) de Miguel Angel, impresionante obra que el artista realizó con apenas 23 años a partir de un único bloque de mármol. Tras el atentado vandálico sufrido por un enajenado en 1972, la estatua se halla protegida por una mampara de cristal y está situada a más de diez metros de distancia de la línea hasta donde te dejan aproximarte, lo que dificulta en gran medida el poder tomar buenas fotos de la genial obra.

 

La Piedad de Miguel Angel

 

     En el centro de la nave se yergue el Baldaquino de San Pedro, sostenido por 4 grandes columnas barrocas de 29 mts de altura y cuya construcción es debida también a Bernini. En el lado derecho del altar mayor está la famosa estatua de bronce de San Pedro ante la que hacen cola los peregrinos para besar su pié derecho, el cual después de tantos siglos de toqueteo y besuqueo se halla totalmente desgastado. 

 

Baldaquino de San Pedro, obra de Bernini


     Los viajeros con más energías dispuestos a dejarse unos eurillos pueden acceder a la cúpula pagando unos 5€ (6€ en ascensor), o a las Grutas sagradas vaticanas (8€ más) en las que se hallan enterrados los papas.

 

     Tras nuestro recorrido vaticano, salimos nuevamente a la Via de la Conciliazione, para dirigirnos hacia el Castel de Sant Angelo, la fortaleza papal a orillas del Tíber.

 

Magnífica vista nocturna del Castel Sant Angelo

 

     El origen de esta fortaleza se remonta al siglo II, cuando el emperador Adriano decidió erigir en dicho lugar su mausoleo de forma circular, justo frente al Pons Aielus sobre el Tíber. La construcción comenzó en el 135 y se terminó en el 139 d.C. un año después de la muerte del emperador. A partir de entonces y hasta Caracalla en el 217, varios emperadores fueron enterrados en el mausoleo. En 271, Aureliano lo fortificó y en el 401 se terminó de convertir en fuerte militar, pasando a formar parte de las murallas de la ciudad y denominándose “Ciudadela de Roma”. Originariamente estaba coronado por la figura dorada de una cuadriga, pero en 590, el Papa Gregorio I lo rebautizó como Sant Angelo tras haber tenido una visión en la que el arcángel San Miguel anunciaba, envainando su espada,  el fin de una plaga de peste que estaba asolando Roma y conmemoró el evento sustituyendo la cuadriga por una figura en mármol del arcángel blandiendo su espada, obra de Raffaello da Montelupo.   Angel original que ahora se encuentra en el patio del Castel de Sant Angelo

 

     Las urnas conteniendo las cenizas de los emperadores y sus familias fueron destruidas en el saqueo de Roma del año 410, llevado a cabo por visigodos al mando de Alarico, produciéndose un nuevo saqueo godo en el 537. Por si eso fuera poco, el propio Vaticano terminó de llevarse lo poco que quedaba del mausoleo de Adriano utilizando columnas, estatuas y piedras para la decoración de la Basílica de San Pedro.

 

     Desde el siglo X, Sant Angelo se convirtió en lugar de refugio para los papas en tiempos de invasiones, habiéndose construido en 1277 por orden de Nicolas III un viaducto fortificado que comunica la fortaleza con el Vaticano. Dicho corredor recibe el nombre de “Passetto di Borgo” y mide unos 800 mts. Según nos enteramos, era posible visitar el Passetto con reserva anticipada y pagando una buena cantidad de euros, aunque realmente es un poco absurdo ya que se trata de un pasaje elevado flanqueado por altos muros de piedra con el fin de proteger a la comitiva papal de proyectiles y asaltos. Suponemos que los que deciden recorrer el viaducto lo harán con el fin de sentir que están recorriendo el mismo camino reservado a los papas. Una forma más de fetichismo, al fin y al cabo.

 

Vista del viaducto fortificado que comunica la fortaleza con el Vaticano al fondo, dicho corredor recibe el nombre de Passetto di Borgo

 

Angel que representa la visión del Papa Gregorio I , en este caso la copia del original realizada por Peter Anton von Verschaffelt        Para los casos en los que los papas se vieran obligados a refugiarse temporalmente en la fortaleza, Pablo III encargó que adaptaran algunas estancias del castillo para convertirlas en lujosos aposentos donde sus santidades pudieran esperar cómodamente el fin de los ataques en un lugar apropiado a su alta condición.  En 1753 se sustituyó la marmórea estatua original de Montelupo por una réplica hecha en bronce encargada al escultor flamenco Peter Anton von Verschaffelt, a partir de un boceto de Bernini, y que es la que hoy en día podemos admirar en lo alto de Sant Angelo. La antigua figura de Montelupo puede verse expuesta en un patio interior del castillo.

  

     Otro de los bonitos usos que sus dueños vaticanos dieron al castillo fue el de prisión. Giordano Bruno estuvo allí encerrado seis años. Las ejecuciones de prisioneros tenían lugar en el patio principal. Resulta cuanto menos curioso que esta fortaleza-refugio-prisión, símbolo del poder y la represión vaticana, tenga forma de estrella de cinco puntas.

 
     En 1901, el castillo fue expropiado por el gobierno italiano y pasó a convertirse en el Museo Nazionale di Castel Sant’Angelo. La visita a la fortaleza es obligada, tanto por la cantidad de historia que contiene como por las magníficas vistas que pueden admirarse desde sus almenas, en donde puedes tomarte un cafelito sentado mientras disfrutas del paisaje. También tiene algunos apartamentos papales con frescos renacentistas y exposición de armas y armaduras. 

 

El Tiber pasea somnoliento por la bella ciudad de Roma

 

     Tras ver atardecer desde lo alto del castillo, nos dirigimos por Lungotevere Prati (Lungotevere es el nombre que reciben las avenidas que recorren ambos lados del Tíber) en dirección a nuestra última visita proyectada del día. Se trata de una pequeña iglesia totalmente desconocida en los circuitos turísticos pero que contenía un estrafalario e interesante museo que no podíamos perdernos.

 
     No sin cierta dificultad debido a lo minúsculo de su frontis, localizamos al fin la Chiesa del Sacro Cuore del Suffragio (santo corazón del sufrimiento). Es una minúscula iglesia de barrio, de estilo neogótico, sin gran interés especial arquitectónico o artístico. Su construcción data de 1894, bajo el patrocinio de la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús en Apoyo de las Animas del Purgatorio, siendo consagrada por Benedicto XV en 1917. La razón de nuestra visita se debía al “Piccolo Museo de las Animas del Purgatorio” que mantienen en la sacristía de dicha iglesia.

 

Chiesa del Sacro Cuore del Suffragio

 
     Según la historia que cuentan, a finales del siglo XIX y mientras el párroco de la capilla de la Virgen del Rosario, situada junto a la iglesia en construcción, rezaba frente al altar, una vela prendió el marco del cuadro de la Virgen, dejando una mancha en la que muchos fieles creyeron ver un rostro con expresión de angustia. El párroco dictaminó que aquello era la manifestación de un alma en pena, es decir, un alma de purgatorio, desatando aquello un furor devocionario tal, que pronto miles de peregrinos comenzaron a llegar al lugar para rezar por esas almas que sufrían atormentadas en el cristiano purgatorio.

 

     El párroco (que por cierto se llamaba Vittore Jouet) aceleró los trabajos de la Iglesia del Sacro Cuore con el fin de dedicar una estancia a su pequeño museo de “manifestaciones del más allá”. La asociación llegó incluso a publicar una revista mensual llamada “Il Purgatorio” que se editó hasta mediados de los años 20.  Espoleado por el éxito, y muy probablemente financiado por las innumerables limosnas que llegaban a las arcas de la pequeña capilla, el párroco comenzó a viajar por diferentes países de Europa en busca de otras manifestaciones similares, llegándose a juntar con más de 200 supuestas muestras de esas marcas, producidas entre los siglos XVII al XX, y que según su creencia dejaban las almas que sufrían el fuego de la condenación.  Paños, libros, mantas, sábanas, ropa, mesas y tablillas de madera en las que aparecían claramente dibujadas improntas de quemaduras, principalmente con forma de manos o dedos.     Interior de la Chiesa del Sacro Cuore del Suffragio

 

     A la muerte de Jouet, su sucesor en el cargo, el Padre Ricasoli, solicitó al obispado que se seleccionasen aquellos casos de entre los más de 200 reunidos por Jouet, de forma que la colección quedase reducida a aquellos mejor documentados y, según el criterio doctrinal de la época, más defendibles de su veracidad. Así, el museo quedó reducido a una docena de casos repartidos en 19 manifestaciones, que fueron expuestos en una vitrina junto a la sacristía y que es la colección que hoy en día podemos ver.

 
     Nada más preguntar, un amable párroco nos guía a una pequeña habitación, y tras dar la luz e indicarnos que disponíamos de hojitas explicativas en varios idiomas, nos deja tranquilamente para que contemplemos la pequeña colección de supuestas manifestaciones de los muertos (pareidolias en lenguaje técnico). Sin pedirnos nada a cambio, ni meternos prisa por lo avanzado de la hora, tan sólo un plato para dejar la voluntad a cambio de coger una de las hojitas explicativas. También nos permitió realizar cuantas fotografías quisiéramos. Todo un contraste con el mercantilismo y afán recaudador desaforado que acabábamos de vivir en el Vaticano. Así da gusto.

 
     Fue interesante contemplar esa pequeña colección, que nos recuerdan a las tradicionales historias góticas de fantasmas. Son todos casos muy típicos y con el denominador común de que la aparición de estas huellas estaba relacionada siempre con la petición por parte de esas supuestas almas de misas y oraciones por su salvación. Como el caso de la joven siciliana que soñó con su hermana muerta, ésta le cogía del brazo insistiéndole en que rezara por ella, que estaba sufriendo mucho. Cuando despertó, tenía una marca de dedos en el mismo brazo donde había soñado que su hermana le agarraba.  O el caso del libro de oraciones de un señor alemán, al que se le apareció su hermano muerto pidiendo misas por la salvación de su alma, ya que su vida licenciosa y pecadora no le permitía entrar al paraíso, dejando unas profundas marcas de dedos en varias páginas del libro. 
 

Misteriosos dedos dejan marcas de fuego en diversos devocionarios     Señales del Mas Alla
Supuestas marcas que dejan las ánimas del purgatorio

 

     Entre ellos, muchos de los casos corresponden a religiosos y religiosas. Nos hizo especial gracia el caso de Sor Margarita de San Luis, monja clarisa que falleció de tuberculosis en 1894. Poco después se apareció ante la madre superiora del convento diciendo que estaba en el purgatorio por un horrible pecado. Resulta que ese pecado tan “horrible” era haberlo pasado tan mal durante los últimos días de su enfermedad que había llegado a desear la muerte para así dejar de sufrir, y que por eso tenía que pasar 20 años de purgatorio. El fantasma de la hermana pidió a su superiora que rezaran misas por la salvación de su alma, y para demostrarle que aquello no era una alucinación, tocó la almohada de la cama dejando en ella la huella de su mano.

 
     En fin, una colección curiosa y cuanto menos entrañable. Lamentablemente la Asociación dejo de existir y la colección no siguió incrementándose, quedándonos únicamente esas 19 únicas muestras para el recuerdo. Tal vez es que el Purgatorio ya no es lo que era, y si recientemente Benedicto XVI ha dictaminado que el Limbo en el que llevan creyendo 17 siglos ahora resulta que no existe, quien sabe lo que le queda de “oficialidad” al purgatorio. Es posible que hayan empezado ya las obras de desmontaje del invento.

 
     Al terminar nuestra visita y ya avanzando la noche, decidimos seguir caminando tranquilamente por la orilla del Tíber en dirección al Puente Regina Margherita para dirigirnos hacia la Piazza del Popolo

 
     Esta plaza, situada en la entrada norte de la Muralla Aureliana, justo tras lo que era la Porta Flaminia,  fue tristemente famosa por ser el lugar en el que tenían lugar las ejecuciones públicas hasta 1826, aunque en ciertas épocas también tenían lugar en ella festivales y ferias. 

 
     En el centro de la plaza puede admirarse el llamado “Obelisco Flaminio”. Ésta inmensa torre de piedra fue erigida inicialmente en el templo de Heliopolis de Ramses II, hasta que el Emperador Octavio Augusto lo trasladó a Roma el año 10 a.C., colocándolo en el Circus Maximus. Finalmente, en 1589 el papa Sixto V mandó trasladarlo a su actual emplazamiento.  Tiene una altura de 24 mts más otros 12 mts del pedestal, su peso es de 235 toneladas y está realizado en granito rojo.

 

Uno de los leones egipcios de la fuente        En 1811 se encargó al arquitecto Giuseppe Valadier la adaptación de la plaza tal y como podemos contemplarla ahora, con forma de óvalo gigante en estilo neoclásico. Valadier eliminó una pequeña fuente que había sido diseñada por Giacomo Della Porta en 1572, para diseñar una nueva al estilo egipcio, con cuatro vías de agua rodeando al obelisco y  añadiendo figuras de leones al conjunto.

 
     En 1822 se instalaron dos nuevas fuentes en la plaza, obra de Giovanni Ceccarini. La del este recibe el nombre de “Fontana di Nettuno” y la del oeste “Roma entre el Tiber y el Aniene”. En la primera podemos admirar una estatua de Neptuno acompañado por dos delfines y en la segunda a Romulo y Remo amamantados por la loba.

 
     Pero ahí no acaban las bellezas ni curiosidades de esta plaza. A la entrada del llamado “tridente” formado por las tres calles principales que parten de la plaza, se sitúan las llamadas “iglesias gemelas”: Santa Maria dei Miracoli  y Santa Maria di Montesanto. Si te sitúas en posición de forma que coloques el obelisco entre ambas iglesias, da la sensación de estar mirando un espejo con la imagen reflejada. Pero aunque aparentemente sean idénticas, hay notables diferencias entre ambas. Este famoso “tridente de calles a que nos referíamos consta de tres vías con alta actividad comercial: La Via del Babuino, que conduce hacia la Piazza de Spagna, la Via del Corso que acaba en la Piazza Venezia frente al monumento a Victor Manuel II, y la Via di Ripetta, que lleva hasta el Mausoleo de Augusto y el Ara Pacis.

 
     Santa Maria in Montesanto, fué erigida sobre una iglesia más antigua con el mismo nombre y que pertenecía a monjes carmelitas. El nombre de Montesanto (Montaña Sagrada) es un homenaje al Monte Carmelo de Israel. Su construcción comenzó en 1662 y finalizó en 1675, con diseño original de Carlo Rinaldi, modificaciones de Gian Lorenzo Bernini y completada finalmente por Carlo Fontana. El interior es de planta elíptica con cúpula dodecagonal. Desde 1951, en esta iglesia, ya convertida en basílica, tiene lugar la llamada “misa de los artistas”, que se celebra cada domingo entre finales de octubre y finales de junio. Son misas dedicadas a artistas, que participan en sus lecturas y tocan música durante el oficio. 


     Santa Maria dei Miracoli por su parte, se construyó entre 1675 y 1681. Tiene planta circular, cúpula octagonal y un campanario construido en el siglo XVIII por Girolamo Theodoli.

 

Curioso efecto a modo de espejo producido por el conjunto del Obelisco y las dos iglesias gemelas de la Plaza del Pópolo


     Por si fueran pocas iglesias para una plaza, en un lateral de la misma se yergue la Chiesa de Santa María del Popolo, sobre la que hay una curiosa leyenda. Cuentan que en ese mismo lugar crecía un roble bajo el que fue enterrado Nerón, el emperador loco que destruyó Roma incendiándola. El lugar se consideraba maldito desde entonces, habitado por el fantasma de Nerón y diablos en forma de cuervos negros, hasta que en el año 1099 el papa Pascual II tuvo una visión de la virgen en la que le decía que talase el árbol, retirase los huesos del emperador y construyese en ese mismo lugar una capilla dedicada a la Virgen. Dicha capilla creció hasta convertirse en iglesia a principios del siglo XIII por orden de Gregorio IX y fue entregada a la orden de los agustinos.

 
     Santa María del Popolo fue posteriormente reconstruida a estilo renacentista en el siglo XV y más tarde en 1655 el Papa Alejandro VII encargó a Bernini que readaptase la fachada a un estilo más barroco. El interior de esta iglesia contiene una sorprendente colección de obras de arte: lienzos de Caravaggio, frescos de Pinturicchio, esculturas de Bernini y mosaicos de Rafael sobre la creación del mundo decorando la cúpula.  

 
     El prestigio dado por las modificaciones de Bernini la convirtió en una iglesia favorita de los grandes poderes políticos y económicos, de ahí que tenga capillas dedicadas a las familias Chigi y Millini, entre otras.

 
     Decidimos tomar por la Via del Babuino buscando un lugar donde cenar. Dado que en ese momento y aun siendo febrero la noche no era excesivamente fresquita y que en las terrazas suelen tener calefactores a gas, acabamos en una terraza pizzería de la Via Croce, donde pudimos reírnos a gusto mientras cenábamos viendo la competencia que había entre los distintos locales para intentar captar clientela entre los paseantes. Los encargados de los locales abordaban a los posibles clientes ofreciéndoles las maravillas que servían en sus locales, mientras de forma muy sutil menospreciaban los de la competencia. Al final acababan todos discutiendo entre sí, y sobreactuando de forma dramática cuando un cliente decidía dirigirse a un local diferente al suyo. Todo puro teatro elaborado, pero muy simpático y divertido y que sirvió para amenizarnos la cena como si estuviéramos en un restaurante espectáculo.

 
     El día había sido largo e intenso, así que tras la cena nos dirigimos al subterráneo de la Plaza de España para subir hacia nuestro hotel, que no teníamos las piernas para remontar pronunciadas cuestas y además la temperatura baja drásticamente conforme avanzaba la noche. Y es que estaba llegando una ola de frío polar que al día siguiente íbamos a sufrir en nuestras carnes.

 

 

Continúa en 2.000 kms por ITALIA: dia 12 - Roma

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Ultima modificacion el Domingo 07 de Marzo de 2010 22:25
 

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